Sirát: Trance en el desierto, una búsqueda al límite de la realidad
En Sirát: Trance en el desierto, Oliver Laxe convierte un paisaje remoto del sur de Marruecos en el escenario de una búsqueda marcada por la ausencia. La película sigue a Luis, un hombre que llega con su hijo a una rave perdida entre montañas áridas y desconcertantes. No está allí para divertirse: busca a su hija, desaparecida tiempo atrás en otra fiesta, y confía en que entre los asistentes pueda aparecer alguna pista.
La premisa tiene la sencillez de una historia de búsqueda, pero Laxe la desplaza rápidamente hacia un territorio más incierto. El viaje de Luis no transcurre por caminos convencionales ni hacia una meta claramente definida. Cada desplazamiento por el desierto parece alejarlo de cualquier certeza, mientras la música electrónica, las reuniones nocturnas y el aislamiento del entorno forman una atmósfera donde lo real comienza a sentirse extraño.
En ese contexto, el vínculo entre padre e hijo funciona como el centro emocional de la película. Ambos avanzan impulsados por una mezcla de esperanza, cansancio y necesidad, enfrentándose a un espacio que impone sus propias reglas. La búsqueda de la joven desaparecida no es presentada como una aventura, sino como una experiencia agotadora que pone a prueba la resistencia física y emocional de quienes participan en ella.
El desierto marroquí tiene una presencia decisiva. Sus extensiones abiertas y sus montañas fantasmagóricas no sirven únicamente como fondo visual: condicionan las decisiones, alteran la orientación y acentúan la sensación de estar lejos de cualquier forma de protección. Frente a ese paisaje, la rave aparece como un refugio provisional, una comunidad nómada reunida alrededor del sonido, pero también como un espacio difícil de comprender desde la mirada de alguien que llega movido por una tragedia personal.
La película encuentra su tensión en ese contraste. Por un lado está la energía física de la música y de quienes buscan perderse durante horas en el ritmo. Por otro, la presencia de un padre que atraviesa ese ambiente con una preocupación concreta y dolorosa. Luis observa un mundo que no le pertenece, aunque necesita recorrerlo para acercarse a su hija. La convivencia entre esas dos perspectivas le permite a Laxe construir una experiencia cinematográfica que avanza entre el drama íntimo y el suspense.
Sergi López interpreta a Luis, acompañado por Bruno Núñez en el papel de Esteban. El reparto también incluye a Stefania Gadda, Joshua Liam Henderson, Richard Bellamy, Tonin Janvier y Jade Oukid, intérpretes vinculados a los distintos grupos y encuentros que aparecen durante el recorrido. Sus presencias amplían la dimensión colectiva de la historia sin quitarle peso al núcleo familiar que sostiene la narración.
El resultado es una película que utiliza el viaje como una forma de presión constante. Cada tramo recorrido parece exigir algo más de sus personajes, mientras la distancia y el silencio del paisaje hacen que la desaparición de la joven adquiera una dimensión cada vez más inquietante. Sirát: Trance en el desierto no se limita a contar cómo un padre busca a su hija: convierte esa búsqueda en un tránsito físico y emocional por un territorio donde la música, la pérdida y la supervivencia terminan entrelazándose.













