Romería: una búsqueda familiar entre recuerdos, silencios y heridas del pasado
En Romería, Carla Simón vuelve a explorar la memoria familiar desde una perspectiva íntima y profundamente personal. La protagonista es Marina, una joven de 18 años que viaja a Vigo para conocer por primera vez a la familia de su padre biológico. El desplazamiento tiene un propósito concreto relacionado con su futuro académico, pero pronto se transforma en una búsqueda mucho más compleja: la de una historia familiar que ha permanecido incompleta durante años.
Marina fue adoptada cuando era muy pequeña y apenas conserva recuerdos directos de sus padres. Su llegada a la costa atlántica la pone frente a una familia extensa formada por abuelos, tíos y primos que conocen partes distintas de ese pasado. Cada encuentro abre una posibilidad, pero también revela la dificultad de hablar de una pareja marcada por la adicción, la enfermedad y la vergüenza. Para Marina, reconstruir la vida de sus padres implica enfrentarse a una memoria que los demás han preferido mantener oculta o fragmentada.
El diario de su madre se convierte en una guía para avanzar por ese territorio emocional. A través de sus páginas, la joven intenta acercarse a una versión más completa de quienes fueron sus padres, lejos de las etiquetas y del dolor con que la familia los recuerda. La película no presenta esa investigación como una simple revelación de secretos, sino como un proceso de interpretación: Marina debe reunir gestos, relatos y silencios para construir una imagen posible de su propio origen.
En ese recorrido también adquiere importancia el vínculo que establece con uno de sus nuevos primos. La relación introduce una dimensión de descubrimiento y cercanía que ayuda a Marina a mirar el pasado desde otro lugar. Más que ofrecer respuestas definitivas, ese lazo le permite imaginar a sus padres como personas jóvenes, con deseos y contradicciones, antes de que su historia quedara reducida a la tragedia que dejó en la familia.
La fuerza de Romería está en la manera en que conecta la identidad personal con la memoria de los demás. Marina no solo quiere saber qué ocurrió; necesita comprender cómo se ha contado esa historia y por qué algunas partes fueron silenciadas. La película observa así las tensiones entre lo que una familia recuerda, lo que decide callar y lo que una nueva generación necesita recuperar para poder reconocerse.
Carla Simón dirige y escribe esta obra desde una mirada cercana a la experiencia autobiográfica, pero la propuesta no se limita al relato individual. El pasado de Marina se convierte en una puerta para hablar de una generación atravesada por pérdidas, estigmas y heridas que durante mucho tiempo quedaron fuera de la conversación familiar. La presencia de Llúcia Garcia en el papel principal sostiene esa transformación con una interpretación centrada en la curiosidad, la incomodidad y el deseo de pertenecer.
Como continuación de las preocupaciones que atraviesan Verano 1993 y Alcarràs, Romería completa una línea de cine dedicada a los vínculos, la herencia emocional y las formas en que una persona intenta darle sentido a su pasado. Su viaje a Vigo no es solamente un regreso hacia una familia desconocida, sino la oportunidad de recuperar una memoria que había sido definida por otros. Al imaginar una nueva historia para sus padres, Marina también empieza a encontrar una forma propia de contar la suya.










