Un hijo propio: cuando el deseo de ser madre se convierte en una mentira imposible de sostener
En Un hijo propio, Maite Alberdi se acerca a una historia marcada por el deseo, la presión familiar y las consecuencias de una decisión extrema. La película sigue a Alejandra, una mujer que anhela convertirse en madre y que, después de atravesar varios abortos espontáneos, decide fingir un embarazo. Lo que al principio parece una salida desesperada para protegerse del juicio de los demás termina convirtiéndose en una situación que escapa de su control.
La premisa adquiere una fuerza particular porque la mentira no se desarrolla en el vacío. Alejandra debe mantenerla frente a un esposo ilusionado y a una familia que espera verla cumplir con una idea muy concreta de felicidad. La maternidad aparece así no solo como un deseo íntimo, sino también como una exigencia que pesa sobre sus decisiones y sobre la manera en que los demás interpretan su vida.
Alberdi construye el documental a partir de los testimonios de las personas relacionadas con el caso y de reconstrucciones dramáticas protagonizadas por Ana Celeste Montalvo y Armando Espitia. Esta combinación permite que la película se mueva entre la memoria de los hechos y su representación cinematográfica, sin limitarse a reproducir una sucesión de acontecimientos. La mirada se concentra en los vínculos, en las emociones y en las circunstancias que rodean una mentira sostenida durante meses.
Ana Celeste interpreta a Eleonor Alejandra “Ale” Marín Mendoza, mientras que Armando Espitia encarna a Arturo, su esposo. Luisa Guzmán, Ángeles Cruz, Mayra Sérbulo y Mayra Batalla completan el elenco de las dramatizaciones. Sus personajes forman parte del entorno afectivo y social en el que Alejandra intenta sostener la imagen de un embarazo que nunca existió.
El interés de Un hijo propio no está únicamente en descubrir cómo se desencadena el conflicto, sino en observar cómo una expectativa social puede intensificar la angustia de una persona hasta llevarla a actuar de manera cada vez más arriesgada. La película plantea preguntas incómodas sobre la culpa, la vergüenza y la necesidad de aparentar que todo marcha bien, incluso cuando la vida personal se desmorona detrás de esa apariencia.
La directora chilena, también responsable de documentales como El agente topo y La memoria infinita, filma este caso desde una perspectiva íntima. En lugar de convertirlo exclusivamente en un relato de crimen, propone mirar aquello que existe antes y alrededor del escándalo: el deseo de formar una familia, el dolor de las pérdidas y la presión de cumplir con un modelo de maternidad presentado como destino inevitable.
Con una estructura que entrelaza testimonios reales y escenas reconstruidas, la película explora los límites entre la verdad, la representación y el autoengaño. Cada versión del caso aporta una dimensión distinta a una historia donde las relaciones familiares y de pareja quedan atrapadas dentro de una ficción que, poco a poco, se vuelve más difícil de controlar.
Un hijo propio es un documental sobre la maternidad, pero también sobre la identidad que una persona intenta construir cuando siente que no cumple con las expectativas de su entorno. Su propuesta encuentra tensión dramática en una pregunta sencilla y perturbadora: qué puede ocurrir cuando fingir una vida ideal parece más soportable que admitir el dolor de no haberla alcanzado.







